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02/08/2010 10:16

La segunda hora de los tributos

Dentro del arsenal de medidas en estudio para el perfeccionamiento del modelo económico cubano está el rescate de los tributos o impuestos como una herramienta financiera que permita el crecimiento de los ingresos del Estado para costear las políticas sociales y contribuir al desarrollo y bienestar de la nación Francisco Rodríguez Cruz.

Dentro del arsenal de medidas en estudio para el perfeccionamiento del modelo económico cubano está el rescate de los tributos o impuestos como una herramienta financiera que permita el crecimiento de los ingresos del Estado para costear las políticas sociales y contribuir al desarrollo y bienestar de la nación.

Precisamente este 4 de agosto hará 16 años de la aprobación en la Asamblea Nacional del Poder Popular de la Ley 73, del Sistema tributario, la cual estableció en 1994 un conjunto de 11 impuestos, 3 tasas y una contribución, uno de los resultados de aquel amplio proceso de discusión popular conocido como Parlamentos obreros.

La introducción de aquella nueva política impositiva contribuyó de manera determinante a un mejor ordenamiento financiero, el cual tuvo mucho que ver con la gradual recuperación económica de finales de los 90, luego de la crisis del período especial.

Un eslabón decisivo para aplicar aquel nuevo sistema fiscal fue la creación en 1995 de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), entre cuyos propósitos estaba no solamente la recaudación de los ingresos del presupuesto estatal, sino también el fomento de una cultura tributaria y el restablecimiento de una disciplina en el pago de los impuestos, de las entidades y las personas.

Pero aquella amplia reforma del fisco quedó trunca con el paso de los años. Para ilustrarlo baste señalar que según el informe de una audiencia pública sobre el tema organizada por nuestro Parlamento en 1999, los ingresos tributarios llegaron a constituir el 74% del total de los recursos que recibía el presupuesto del Estado. Una década después, según se conoció en los recientes debates de la Comisión de Asuntos Económicos del máximo órgano legislativo, los tributos solo aportan el 57,7% del dinero que entra a las arcas estatales.

Las causas de esta ruptura, uno de cuyos rasgos es este retroceso en la participación de los ingresos tributarios en la estructura presupuestaria, son múltiples e imposibles de detallar aquí. Baste enunciar que las circunstancias siempre tensas en las cuales se ha desenvuelto la economía de Cuba determinaron que varias figuras impositivas contempladas en la Ley 73 no han podido aplicarse en toda su extensión. Tampoco fue posible reemplazar todos los gravámenes del anterior sistema fiscal por los nuevos tributos más modernos y eficientes (es el caso del impuesto de circulación, un tributo indirecto no recogido en el citado cuerpo legal y muy poco transparente para el contribuyente, el cual debió ser sustituido y que sin embargo todavía mantiene un peso muy alto en la recaudación).

Pero más allá de las cuestiones técnicas, lo cierto es que otra vez dejamos casi de hablar de impuestos en la sociedad cubana durante más de un lustro. Lina Pedraza, ministra de Finanzas y Precios, comentaba esta última semana a los diputados la decisión de fortalecer el trabajo en política tributaria y presentar nuevas propuestas a la dirección del país para reactivar este instrumento de control económico y de redistribución equitativa de los ingresos.

Entre las primeras decisiones está liberar a la ONAT de tareas como la gestión del cobro de los efectos electrodomésticos que la población cubana adquirió a crédito gracias a la revolución energética —y que asumirá otro organismo competente hasta el saldo definitivo de esas deudas—, así como de la función de la tesorería municipal, las cuales no corresponden por su naturaleza a una administración fiscal y que —a juicio de la Ministra— "han provocado que el personal de la ONAT se haya desprofesionalizado en la técnica tributaria".

Habrá que trabajar duro entonces no solo para preparar nuevas legislaciones, sino también a las instituciones, a los trabajadores que deberán aplicarlas y a los ciudadanos que deberán cumplirlas, en la medida que las transformaciones del modelo económico —incluyendo los previsibles reajustes en la estructura del empleo en el país— requieran del perfeccionamiento y la ampliación del sistema tributario.

Porque está muy claro que en el socialismo la política fiscal y los impuestos no solo deben desempeñar un papel de estímulo y control de las distintas actividades económicas, junto con su fin recaudatorio para solventar los gastos del Estado. También deben contribuir a la formación de una cultura cívica en sus ciudadanos, quienes deben ver en su condición de contribuyentes, una de las expresiones más concretas de su participación en la sociedad.

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