“un periódico para los pequeños, que merece toda la atención de los grandes”
“por lo cual no quisiéramos que faltase en ningún hogar cubano”
Enrique José Varona
Curso presentado en Universidad para todos 2010.
Dra. C. Nancy Chacón Arteaga
sub directora OPM
Presidenta fundadora Cátedra de Ética
Universidad Pedagógica Enrique José Varona
Introducción
El curso presenta un acercamiento al estudio de las múltiples lecciones que el maestro mayor, José Martí, legara a Cuba, a la América Latina y al Mundo, en su obra “La Edad de Oro”, revista escrita en 1889, desde los Estados Unidos, para instruir a la vez que educar a los niños de nuestro continente.
Tal y como expresó en su carta del 3 de agosto de 1889 a su entrañable amigo Manuel Mercado, cuando le confiaba los primeros 500 ejemplares del primer número con vista a gestiones para su distribución en las ciudades principales de México, Martí considera que:
“ - entro en esta empresa con mucha fe, y como cosa seria y útil, a la que la humildad de la forma no quita cierta importancia de pensamiento –“
En la continuidad de la carta, Martí precisa el propósito de lo que consideró esta gran empresa:
”...ha de ser para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos retóricos, o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra parte del mundo. El abono se puede traer de otras partes, pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo, y hombres de América”.
Aunque el título de la Revista, es aportado por quien fuera su director el Sr. Aarón Da Costa Gómez, coincidente con el nombre de un cuadro del pintor alemán Edgard Magnus, que había aparecido en el primer ejemplar de una revista en la que colaboraba Martí, “La Ofrenda de Oro” en 1881; llama nuestra atención la significación que en el pensamiento y la obra martiana tiene el “Oro”, en ello Martí integra sus conceptos de lo estético y lo ético en la comprensión de la belleza como una aliada íntima del bien moral. Es que lo bello no es precisamente lo que más brilla y deslumbra ante nuestra vista, no son los rayos externos del oropel que pueden envolver a una persona u obra de arte, sino lo que internamente lleva por dentro en el orden de sus sentimientos, cualidades y virtudes humanas, la expresión de la hondura del mensaje que nos trasmite una obra artística, en ambos casos, libres de superficialidades, vanidades y hojarascas.
En la realización de esta Revista con sus propósitos instructivos y educativos, tal y como él concibe la integralidad que debe caracterizar la educación de los niños y jóvenes, José Martí tiene muy presente su idea acerca del oro nuevo:
“Al revés de lo que pasa en el mundo palpable, en este mundo incorpóreo, oro es lo que no se compra ni se vende.
Hay pocas gentes que tienen pura la nueva clase de moneda: a eso he venido: a descubrir el oro nuevo.”
Es precisamente por los infinitos valores que encierra la Revista martiana de la Edad de Oro para los niños de Nuestra América, que consideramos importante que la familia cubana se acerque cada vez más a su lectura y estudio para descubrir día a día en un acto cotidiano de educación conjunta de nuestros niños, la ética y la moral tan necesarias para ubicarse del lado de los que fundan y construyen la patria socialista de dignidad, justicia, solidaridad y profundo humanismo revolucionario.
Para contribuir a este propósito hemos considerado que una de las vías efectiva que la Revolución ha puesto al alcance de todos es precisamente la realización de un curso en Universidad para Todos, cuyo programa nos permita tocar a las puertas de las familias cubanas y sus más pequeñas generaciones para quienes está pensado.
En este empeño se unen el sistema de Instituciones de la Oficina del Programa Martiano, el Centro de Estudios Martianos y la Sociedad Cultural José Martí; las Instituciones Martianas de Casa Natal, Fragua Martiana y Memorial, quienes convocarán a personas, otras instituciones y organizaciones juveniles y de masas de nuestra sociedad, que puedan colaborar con la realización de este curso.
Objetivo general
Acercar a la familia cubana a la “Edad de Oro”, para la educación moral, ética y estética de los niños y jóvenes de nuestra patria socialista.
  • 1. Ese hombre de la Edad de Oro, es mi amigo.
Esta visión es captada por Martí en el compendio de sus obras destinadas a esta revista para niños, las que tienen múltiples lecturas en sus textos e intertextos, así como en los diferentes ángulos o planos de la vida que de forma abierta, directa o indirecta pueden leerse y descubrirse en estas páginas en las diferentes etapas de la vida de los lectores. Solo una muestra de la selección de artículos de los autores que aparecen en el contenido de este tabloide presenta un interesante espectro de de los hallazgos, significados y valores que convergen en la Edad de Oro y que apuntan a:
• Es una obra de alto contenido educativo, en él se integran como un propósito magistralmente logrado de su autor lo instructivo y lo educativo, de una forma atractiva y amena.
• El sustrato de la integración de la instrucción y de la educación en esta obra que presenta diferentes géneros literarios, donde Martí demuestra sus grandes dotes como escritor y conocedor de otras lenguas para la traducción de textos, está en el sustento de la cultura universal y de los pueblos, a partir del aprecio de sus identidades.
• La memoria histórica es un recurso insoslayable de la educación de los niños y de los pueblos, por constituir los eslabones mediadores en la sucesión de las generaciones en su desarrollo histórico, para la inserción en la vida presente, comprendiendo nuestros antecedentes, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.
• La espiritualidad con toda su riqueza ética y estética, transita por los afectos, los estados de ánimos, los sentimientos, lo racional y la fantasía infantil, como la mejor forma de acercarse al mundo de los niños, dialogar con ellos de forma sencilla, amorosa, motivadora y estimulante de acciones buenas, generosas y bellas.
• La concepción de la unidad de lo bello y de lo bueno, en contraposición de lo malo y de lo feo en la acción y el quehacer de las personas, en su comunicación, en sus relaciones humanas y con la naturaleza, Martí las muestra en las cosas que suceden en nuestras vidas diarias, a nuestro alrededor, por ello en el obrar, en el actuar, existen múltiples influencias ejemplarizantes de donde pueden extraerse lecciones educativas que llegan a la sensibilidad de los niños, desde la percepción infantil llega a los paradigmas morales o al deber ser.
• Martí muestra que la educación encierra el compromiso de cultivar las virtudes humanas, que deben florecer sobre los vicios, defectos y errores de las personas, en que siendo fiel a su creencia en el mejoramiento humano, ratifica que son perfectibles, y utiliza el deber ser como el modelo que orienta este complejo proceso educativo; en el cual los valores se integran como estrellas de “ese sol del mundo moral” al decir de José de la Luz y Caballero; Martí revela en su revista la necesidad de que la influencia de los padres, de los maestros, de los políticos, entre otros sujetos educadores o de influencias educativas de la sociedad, sean como la del evangelio vivo que nos sentenciara José de la Luz, teniendo en cuenta que “El sol quema con la misma luz que calienta” y que además de su luz el sol tiene manchas.
Los que de una forma u otra se han acercado a la vida, pensamiento y obra de José Martí, coinciden en que la Edad de Oro, es una obra donde se muestra la madurez alcanzada por nuestro apóstol de la independencia de Cuba en su proyección universal, y que en la misma encontramos un compendio de sus ideas revolucionarias, progresista, patrióticas y humanistas en la relación de los seres humanos entre sí y con la naturaleza desde la perspectiva de la realidad que vivía Cuba, la América Latina y el Mundo en la época en que la escribió, de ahí su trascendencia y vigencia en el S.XXI.
Es una obra de lecciones sobre muchos temas culturales, pero en particular de cómo educar a los niños por la vía de la literatura y por ende, de la lectura que pueden hacer los propios niños o que le pueden hacer sus padres y maestros mostrándoles la entonación que lleva cada texto, e incluso de forma conjunta, con lo que nos conduce a uno de los métodos esenciales con que estimulamos el crecimiento espiritual del mundo interior de los niños y el enriquecimiento de los valores personales en esta etapa crucial de la educación moral e integral de las personas.
Los contenidos de la Edad de Oro, bien pueden ser objeto de escenificaciones para los propios niños, de elaboración de dibujos, de inspiraciones para escribir poesías o prosas, desarrollar la fantasía infantil a partir de los temas que Martí les propone en cada uno de sus trabajos en los que muy sutil o de forma muy subliminar les presenta los conocimientos científicos, técnicos, históricos, artísticos y culturales en general cargados de significación humana, siempre discerniendo entre el bien y el mal a partir de sus moralejas asociadas al progreso social y humano.
De esta forma la familia puede nutrirse de los recursos que Martí pone en sus manos con la Revista la Edad de Oro en la que se nos muestra como el educador social que quiere ser para los niños de Nuestra América y que de hecho ha logrado ser en la forja de la nación y la cultura cubana, y como pilar esencial de la ideología de nuestra Revolución en lo que ha sido la continuidad de las generaciones de cubanos y cubanas que han abrazado sus ideas en la lucha, la construcción y defensa de una patria libre, soberana, justa, digna, unida y solidaria, amante de la paz y la hermandad entre los pueblos.
Conversando en familia sobre “La última página” de La Edad de Oro.
Siempre que se piensa en una última página de un texto por lo general lo asociamos al momento final, de desenlaces, de cierre, de resumen, pero ¿cómo pensó Martí la última página de su revista “ La Edad de Oro”, dedicada a los niños de nuestra América?, dejemos que él mismo nos de la respuesta:
“Estas últimas páginas serán como el cuarto de confianza de La Edad de Oro, donde conversaremos como si estuviésemos en familia”.[1]
Solo en tan original idea pueden apreciarse muchos significados, uno de ellos es que esta revista, aun guardando las características propias de ser un documento escrito se propuso no solo estar cerca de los niños para estimular de una forma atractiva y motivante el interés por el conocimiento, despertar sus motivaciones de búsqueda en cuanto al saber acerca de las tantas cosas del mundo que le rodea y acercarle el propio mundo que más distante está de su espacio físico y geográfico a sus vidas, tanto por la vía de las narraciones como por las imágenes que las acompañan, sino que se propuso ejercer una influencia educativa para los niños y también para los adultos, en particular para la familia.
Martí reafirma la idea del papel que la familia tiene con relación a sus hijos ocupando un lugar esencial en la sociedad como máximos responsables en la guía y orientación de una educación en armonía tanto en la convivencia familiar como con su entorno, en el amor a la patria y a los valores humanos universales que hacen a las personas seres dignos.
Las últimas páginas llaman la atención sobre el tipo de diálogo que debe existir en la familia y entre los padres con sus hijos, este es una conversación en un clima de confianza donde el respeto es el valor clave que debe existir de los padres hacia sus hijos y estos explicarles el sentido del respeto y como respetar; en este diálogo de confianza se habla de enseñanzas sobre la vida donde se aprecia altamente la inteligencia y los sentimientos de los menores, donde se les da una activa participación, haciéndolos sentir protagonistas, así nos dice en la última página del primer número:
“Antes todo se hacía con los puños: ahora, la fuerza está en el saber, más que con los puñetazos; aunque es bueno aprender a defenderse, porque siempre hay gente bestial en el mundo, y porque la fuerza da salud, y porque se ha de estar pronto a pelear, para cuando un pueblo ladrón quiera venir a robarnos nuestro pueblo. Para eso es bueno ser fuerte de cuerpo; pero para lo demás en la vida, la fuerza está en saber mucho, como dice Meñique.”[2]
“Porque es necesario que los niños no vean, no toquen, no piensen en nada que no sepan explicar. Para eso se publica La Edad de Oro. Y para todo lo que quieran preguntar, aquí está el amigo”. [3]
En la última página del segundo número de la revista, Martí les muestra a los niños, a la familia y a los maestros, cómo pueden ser activos en su propia educación:
“Los niños debían juntarse una vez por lo menos a la semana, para ver a quien podían hacerle algún bien, todos juntos.”[4]
Martí nos hace reflexionar sobre cómo la familia, los maestros y la escuela, deben hacer planes, proyectos, actividades, en las que nuestros hijos practiquen el bien en su accionar, en su comportamiento ya sea en el propio hogar, en el barrio, en la escuela, donde los niños al relacionarse con sus familiares, amiguitos y otras personas, ejerciten las normas elementales de la educación moral, en la cortesía, en el compañerismo, en la solidaridad, en la realización de sencillos trabajos socialmente útil para el beneficio común, entre otras vías, la esencia de su idea está en que la educación moral y de los valores humanos que la sustentan, solo forman parte del mundo interno de las personas en la medida en que se vivencian en sus experiencias de la vida cotidianas y se siente persuadido personalmente por los sentimientos que generan la bondad y la generosidad, lo cual solo puede darse en esa relación que se produce entre el individuo y su grupo o colectividad, ese hacer “todos juntos” que encierra como valor agregado la fuerza de la unidad y el crecimiento espiritual de cada uno cuando se sabe que hizo una contribución, que aportó su granito de arena, lo cual esta asociado a la idea martiana de cultivar la virtud permanentemente, sobre todo desde las tempranas edades.
Si analizamos la secuencia de las ideas que Martí resume en cada una de las últimas páginas de los cuatro números de La Edad de Oro, nos percatamos que además de llamar la atención sobre los contenidos principales de los materiales que en ellas aparece, o motivar sobre los que aparecerán, él insiste en sus esencias que son las enseñanzas que encierran.
En la última página del tercer número se refiere a que en este:
“… se ve lo viejo y lo nuevo del mundo, y se aprende cómo las cosas de guerra y de muerte no son tan bellas como las de trabajar”.[5]
Valoriza el trabajo como un acto moral honrado, a la vez que estéticamente bello como un acto de realización y creación humana, unido a ello se refiere a la sencillez que debe caracterizar a las personas que no alimenta la falsa vanidad humana o el hacer las cosas llamando la atención de otros para que lo halaguen o le reconozcan, es como actuar premeditadamente por un motivo externo y no por convicción:
“Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vean a uno pasar. Se es bueno porque sí; y porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe: ser útil. Los niños debían echarse a llorar, cuando ha pasado el día sin que aprendan algo nuevo, sin que sirvan de algo.”[6]
En la última página del cuarto número, habla precisamente del sentimiento de los padres, de aquellos que se sacrifican y trabajan para darle el sustento y la felicidad a sus hijos, de cómo piensan primero en sus hijos y sus necesidades antes que las propias, también de aquellos niños que no tienen quien vele por ellos y de cómo hay padres que creen que todos los niños son sus hijos, ese es el sentimiento de Martí:
“El hombre de La Edad de Oro es así, lo mismo que los padres: un padrazo es el hombre de La Edad de Oro.”[7]
“Así son los padres buenos, que creen que todos los niños son sus hijos, y andan como el río Nilo, cargados de hijos que no ven, y son los niños del mundo, los niños que no tienen padre, los niños que no tienen quien les de velocípedos, ni caballo, ni cariño, ni un beso. Y así es el hombre de La Edad de Oro, que en cada número quisiera poner el mundo para los niños, a más de su corazón.” [8]
Asociado a los contenidos abordados en el número de la revista Martí nos habla de la realidad material y espiritual, ambas existen aunque no se vean, así se refiere al artículo de “La Luz Eléctrica”, donde se explica que es la luz y la electricidad, que aunque no salió en este número les despierta la curiosidad sobre tan interesante y enigmático tema; así también habla del mundo espiritual de las personas:
“Hay gente loca, por supuesto, y es la que dice que no es verdad sino lo que se ve con los ojos. ¡Como si alguien viera el pensamiento, ni el cariño, ni lo que, allá dentro de su cabeza canosa, va hablándose el padre, para cuando haya trabajado mucho, y tenga con qué comprarle caballos como la seda o velocípedos como la luz a su hijo!.”[9]
Es incuestionable que Martí nos muestra en su obra La Edad de Oro, como las cosas más complejas pueden ser explicadas a los niños de una forma asequible, decirles la verdad, es una de sus grandes lecciones para la familia y los educadores, cómo cultivar la virtud asociada a los conocimientos en la vida práctica, a la convivencia en la armonía.
Este “cuarto de confianza” de La Edad de Oro, reservado por Martí a las últimas páginas de cada número de la revista, representa en el contexto del mundo actual un reto para padres y maestros ante los desafíos del desarrollo científico tecnológico en la época de la globalización neoliberal, ante las agudas contradicciones norte – sur, los problemas del cambio climático y en particular en la lucha de nuestro pueblo en la continuidad de la Revolución socialista cubana en solidaridad con las causas justas y progresistas del mundo, lo que supone que padres y educadores en general, se preocupen por estar preparados, informados, actualizados de los temas que en realidad pueden abordar en las conversaciones educativas y amorosas con nuestros hijos, esta es una de las grandes contribuciones que nos hace Martí a la familia cubana, de ahí su enorme trascendencia, vigencia y actualidad.

1 Martí Pérez José. La Edad de Oro. Centro de Estudios Martianos, la Habana 2005, página 65.
2 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 65
3 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 65
4 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 120
5 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 175
6 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 175
7 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 227
8 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 228
9 Martí Pérez José. Obr. Cit. Página 227

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