JHTML::_('behavior.modal'); Un buen cuento de camino...
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Un buen cuento de camino...

Paquita Arias
Edición: Ivonne González Marchante

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No sé qué sucederá dentro de unas horas, cuando Cuba y Puerto Rico se enfrenten. Incluso, hoy si mi equipo ?el cubano, por supuesto? perdiera no entraría ni en depresión ni bajo taquicardia como el miércoles, cuando en dos oportunidades Panamá se fue arriba.

El juego de hoy sería bueno ganarlo, porque en pelota nos gusta arrasar, pero lo que sé es que a Puerto Rico cuando hay que ganarle es a partir del domingo, entonces sí, ese tope sería el bueno.

Y no es que sea tan optimista como para asegurar que será Cuba y no otro el campeón del Primer Clásico de Béisbol. Lo deseo, ¡cómo no desearlo! si la pelota forma parte de mis gustos personales desde que era una adolescente y mi padre me enseñó lo que significaba cada jugada.

Tampoco soy de las que piensa que es imposible rendir a los equipos de grandes ligas. A Andruw Jones, líder jonronero con 51  en el último campeonato entre los rentados, fue obligado a batear para doble play y luego ponchado por Ormani Romero, en el enfrentamiento frente a Holanda.  Desconozco si los defensores a ultranza de las grandes ligas digan que fue solo casualidad.

Porque de todo hay en el ambiente beisbolero, hecho cotidiano en  Cuba por estos días.  Hay jóvenes deslumbrados por los “juegos de arriba” o porque saben que esos peloteros ganan millones de dólares, que ven con muchas reservas el tránsito del equipo de la mayor de las Antillas. Cuando el miércoles le ganó a Panamá “¡fue angustioso!” decían, agregando que los contrarios eran los más débiles del grupo C. (Como si Bruce Chen, el abridor, fuera un pícher de segunda). En fin, Fidelito, el director de la revista El Caimán Barbudo, cansado de escuchar tantas loas a los profesionales,  afirma que “si ganamos dicen que los otros no están en forma y si perdemos que nosotros somos malos. No se sabe cómo quedar bien”.

Lo cierto es que la pelota se ha convertido en el gran tema de conversación, discusión y disfrute de cubanos y cubanas, las que, a propósito, vimos el triunfo frente a Panamá como un regalo de nuestro equipo por el 8 de marzo.

He leído en la prensa puertorriqueña  declaraciones de cubanos radicados en aquella colonia norteamericana, que a pesar de disentir de nuestro gobierno, disfrutan de los triunfos del equipo Cuba y van al estadio a apoyar a  los muchachos.

Tampoco han faltado, desgraciadamente, los que olvidando el espíritu deportivo ofenden al equipo, a Cuba y a Fidel. Piensan que con cartelitos harán que haya menos hit, dobles, triples, ponches y jonrones. Frente a Holanda, luego de la provocación de dos o tres miserables gusanitos, Osmany Urrutia dio un jonrón que impulsó tres carreras más para el equipo. Ese señor pelotero un día antes había declarado “yo nunca traicionaré a Cuba y a mi Comandante en Jefe”. No sé si Urrutia supo algo de la provocación, pero su batazo consciente o inconscientemente fue la mejor respuesta.

Ya casi termino de hilvanar estas líneas. Quiero comer temprano para que mi digestión haya terminado cuando los equipos de Cuba y Puerto Rico salgan al diamante del Hiram Bithorn.

Como dije al principio este juego no decide nada. El otro, el de la semana que viene sí, entonces hoy no debo tener ni taquicardia, ni gritar, ni… que cará, eso es cuento de camino. Yo quiero ganar, ganar y ganar, con Yulieski, Lazo, Ormani,  Urrutia, Higinio… Ganar porque la pelota, así, PELOTA, no béisbol, forma parte de nuestra nacionalidad,  porque desde hace 47 años nuestros atletas compiten por la bandera de la estrella en solitario, porque los muchachos están dejando el pellejo en el terreno, porque todas y todos los nacidos y amantes de esta Isla nos lo merecemos y si los otros son buenos, los nuestros también, así que ¡venga la taquicardia y la angustia!, yo, como once millones más quiero ganar.