Resumen:

El propósito del siguiente ensayo es rescatar las ideas pedagógicas de José Martí, Arturo Jauretche y Paulo Freire con el objetivo de poner en práctica desde la escuela primaria una pedagogía descolonizadora por medio de la recuperación histórica de las manifestaciones políticas y culturales de los sectores subalternos de América Latina que fueron silenciados y despreciados por los Intellegentzia. El rastrear las raíces profundas de América Latina nos permitirá para alcanzar el sueño de la construcción de una Patria Grande Latinoamericana

El trabajar la historia desde la escuela primaria no sólo es un proyecto pedagógico sino también un proyecto político y un acto de justicia. Desde los tiempos de la colonización Nuestra América fue expropiada no sólo de lo material sino también del patrimonio cultural y simbólico que culminó con la imposición de la cultura Eurocéntrica como cultura hegemónica. De aquí nace la necesidad de recuperar la historia Latinoamericana, reconstruirla y hacerla propia como camino para alcanzar la emancipación, como así también recuperar aquellos conceptos que a pesar de haber sido creados en otros momentos históricos y en otros rincones del mundo nos sirvan para pensarnos a nosotros mismos.

LA COLONIZACIÓN PEDAGÓGICA.

 

Martí y Sarmiento tuvieron visiones diferentes en lo que respecta a la educación. Mientras que para Martí la educación tenía que estar dirigida a la formación de hombres que sirvieran a la patria, Sarmiento pensaba en la educación como camino para la formación de ciudadanos que sirvieran a las instituciones. La idea de ciudadanía contenía una matriz civilizadora no sólo para los pueblos nativos sino también para los trabajadores inmigrantes. Lo cual nos conduce a pensar que la escuela obligatoria y laica fue una escuela nacionalista, pero de qué nacionalismo hablamos cuando se produjo una desnacionalización cultural de lo propio. Aquí conviene determinar que entiende por nación este supuesto civilizador. La nación para los intellegentzia, tomando a Taborda, no se concibió como un fin en sí misma, sino como un medio para. El fin no fue la nación sino las instituciones: la república, la constitución, la democracia, la libertad, considerando esta desde el punto de vista individual y no desde el punto de vista nacional.

Al respecto Jauretche afirma: “Se ha querido que ignoremos como se construye nuestra nación, y como se dificulta nuestra formación auténtica, para que ignoremos como se la conduce, cómo se construye una política de fines nacionales, una política nacional”.

La propuesta educativa planteada por Sarmiento se basó en la adopción de modelos europeos y norteamericanos, y en el desprecio de la cultura sectores populares lo cual nos permite argumentar que su propuesta educativa se basó en una educación pública y no en una educación popular.

El maestro en el esquema Sarmientino era el encargado de llevar adelante la misión de civilizar, escindiendo la realidad de los educandos por considerarla despreciable e inculta, lo cual producía un paréntesis entre los conocimientos previos que poseían los educandos y los que brindaban la escuela. La escuela fue la imagen de lo culto y lo científico.

Así se fueron introduciendo en nuestro sistema educativo las ideas colonizadoras, en donde el maestro era portador de lo culto y lo legítimo y los educandos meros receptores de dichos saberes. Desde esta perspectiva se tiende a reproducir la relación dominantes y dominados ya que no existe entre el educador y el educando una relación dialéctica del saber sino una relación verticalista que reproduce las relaciones de dominación.

La política educativa planteada por Martí fue la contracara de la política Sarmientina, ya que su propuesta pedagógica se basó en una educación relacionada con la realidad, ya que planteaba que “conocer el país y gobernarlo conforme a ello era el único camino para librarlo de las tiranías”.

Para él las escuelas debían ser “casas de razón” en donde por medio de una guía juiciosa por parte del educador los niños pudiesen alcanzar un pensamiento propio e independiente. Bajo su concepción la memorización no tenía lugar ya que ésta agotaba todo medio de aprendizaje y acto creativo, preparando al educando para su adaptación al mundo.

Profundizando el pensamiento de Martí Freire caracterizó a la pedagogía colonialista como educación bancaria, en Pedagogía del oprimido, entendiendo por esto una educación que no le deja margen para la creatividad, que está llena de contenidos narrativos que devienen del educador y el educando debe memorizarlos y repetirlos sin entender su significado real. Así la educación se transforma en un acto de depositar donde los educandos son los depositarios y el educador el que deposita. El fin de esta pedagogía es el disciplinamiento y la domesticación de los educandos, ya que es el educador el que educa, el que sabe, el que piensa y el que habla. Si es el educador el que sabe es a éste quien le corresponde la tarea de “donar” su saber a los educandos. Para la concepción bancaria existe una dicotomía entre el hombre y el mundo, en donde los hombres, como seres pasivos, reciben el mundo de manera acrítica adaptándose a él lo cual le impide pensar en la posibilidad transformarlo.

Para Martí, Freire y Jauretche la Europeización fue sinónimo de alineación ya que apunta a la perdida de lo propio, a la colonización, y a la falsificación de la historia.

Jauretche entiende por falsificación de la historia a las miradas Europeizantes que se le van imponiendo a los niños desde la escuela primaria, a la alineación de la literatura y los héroes de color. La práctica de la colonización pedagógica comprende tres instancias: el sistema conceptual que importamos sin pasar por nuestras propias interpretaciones, los aparatos de difusión, diarios, revistas, escuelas, universidades y los beneficiarios de la colonización.

 

Jauretche sostiene a su vez que la madre de todas las zonceras está conformada por la dicotomía entre civilización y barbarie: “La idea no fue desarrollar una América según Civilización moderna, enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol, sino lo que se intento fue trasladar el árbol y crear una Europa en América, destruyendo al indígena ya que era un obstáculo para el crecimiento”.


 

 

Tomando las ideas de Martí, Freire y Jauretche podemos argumentar que la cultura preexistente fue ocultada, negada, y silenciada por considerarla inculta. A su vez al no formar parte de la “cultura legítima” perdió todo medio de expresión, esto se debe a que el concepto de cultura fue identificado con el concepto de civilización. La cultura fue algo exclusivamente importado y se convirtió en uno de los instrumentos más eficaces para la dominación. Los sectores dominantes fueron los encargados de exaltar determinadas figuras, relatos e historias condenando al olvido a otras.

Freire afirma que los opresores denominaban a los oprimidos como: los salvajes, la masa ciega y envidiosa, los violentos, los bárbaros, los feroces y los malvados.

Jauretche va a retomar de Jorge Abelardo Ramos la idea de que en los países coloniales en donde los privilegios económicos están asegurados la penetración cultural puede resultar menos importante, pero en los países semicoloniales la penetración cultural es central.

 

LA DESCOLONIZACIÓN PEDAGÓGICA.

 

La descolonización pedagógica implica pensar Nuestra América desde nosotros mismos desterrando ideas falsas y mitos históricos. El rastrear las raíces profundas de América Latina nos permitirá recuperar las manifestaciones políticas y culturales de los sectores subalternos que fueron silenciados por la cultura colonialista, lo cual nos conducirá a conocer nuestra verdadera historia, hacerla propia y reconstruirla como camino para la emancipación de los pueblos. En relación a esto, en Los silencios y las voces en América Latina Alcira Argumedo propone lo siguiente: “Mirar desde el espacio social e histórico de las masas populares latinoamericanas, fundamenta un conocimiento y una filosofía que piensa la historia y el devenir humano. Un lugar epistemológico que lleva a evaluar críticamente las corrientes del Norte, expresadas en el escenario político de nuestros países, preguntando en cada coyuntura histórica por el papel que ellas le otorgan a las mayorías sociales del continente. El pensar desde América Latina requiere un elemento teórico-conceptual que recupere las resistencias culturales, las manifestaciones políticas de las masas, las gestas, la literatura, el ensayo, las mentalidades populares, los testimonios, las microhistorias, las fiestas, los pequeños y grandes gestos de dignidad, los saberes que están en las orillas de las ciencias.”

 

Para Martí, Jauretche y Freire la escuela debería implementar una pedagogía crítica,

que no fuese memorística, ni autoritaria, ni disciplinaria, en donde por medio del arte los educandos pudiesen construir el aprendizaje. Desde esta perspectiva el arte es fundamental, ya que es sinónimo de libertad. Esta pedagogía no reduce la práctica educativa a la simple transmisión de saberes, sino que el aprendizaje se construye desde una perspectiva problematizadora que tiene como referente la lectura de la realidad como medio para alcanzar una conciencia crítica como camino para la transformación social. Freire lo dice muy claramente: “la concientización implica que, cuando un pueblo advierte que está siendo oprimido, también comprende que puede liberarse a sí

mismo en la medida que logre modificar la situación concreta en la cual se encuentra como oprimido”.

Para que la educación se transforme en una herramienta de transformación social Freire plantea que debe superarse la contradicción entre educadores y educandos en donde por medio del diálogo se recuperen los saberes previos y su mirada del mundo, que en definitiva es el rostro del mundo mismo. La propuesta pedagógica de Freire es plantear la educación partiendo de la localidad de los educandos para así poder ampliar sus miradas al mundo.

Para Freire la descolonización tiene que ver con la liberación de los oprimidos de los opresores, la tarea de liberación no le corresponde a los opresores sino a los oprimidos, pero ésta no vendrá de casualidad sino por medio de una búsqueda, por el conocimiento y el reconocimiento de la lucha por ella.

El camino de la liberación no es tarea sencilla ya que los oprimidos tenemos inoculada la sombra del opresor, lo cual nos hace tener una personalidad dual oprimidos-opresores, liberarse del opresor nos implicaría llenar el vació dejado por la expulsión de un nuevo contenido, que sería nuestra autonomía.

Freire plantea que los oprimidos sufren la dualidad que se instaló en su ser, se dan cuenta que al no ser libres no son seres auténticos. Quieren ser, más temen ser. Son ellos y al mismo tiempo son el otro como conciencia opresora. Es por esto que muchas veces el oprimido se convierte en un primer momento en opresor o subopresor en lugar de buscar su liberación. Esto se debe a que el oprimido tiende a ver en la figura del opresor el carácter de humanidad.

La lucha de los oprimidos se da entre ser ellos o seres duales, que los oprimidos hayan superado su dualidad y hayan tomado conciencia de su situación de opresión, no implica que hayan alcanzado la libertad. La libertad no es una donación sino una búsqueda que no se da de manera individual sino en comunión con los demás, ya que nadie se libera a sí sólo. Para sentirse liberado no basta con el reconocimiento del antagónico sino que es necesario construir una praxis política que nacerá de la reflexión de la realidad, praxis y reflexión. La realidad no nace de casualidad sino que es producto de los hombres. Por ende su transformación también será tarea de ellos. Freire plantea que:“ los oprimidos van desvelando el mundo de la opresión y se van comprometiendo en la praxis de su transformación”.

En esta concepción pedagógica la escuela ocupa un lugar central ya que esta debe convertirse en un lugar de creatividad, de esperanza, de sueño, de cambio y utopía donde la tarea docente es fundamental.

La descolonización pedagógica tanto para Martí como para Jauretche no sólo es una tarea de la escuela sino también de los medios de comunicación.

 

LA PATRIA GRANDE LATINOAMERICANA.

 

El revalorizar la historia Latinoamericana podría ser uno de los caminos para alcanzar el sueño de la construcción de la Patria Grande Latinoamericana. América Latina tiene un pasado en común que nos une.

Todos los pueblos de Nuestra América han sido despojados de su verdadera historia al imponernos una historia falseada por parte de los seleccionadores de lo importante y lo accesorio. Ellos han sido quienes desterraron al olvido a los héroes que lucharon por la construcción de una América Latina Libre. Ellos fueron quienes silenciaron todo tipo de manifestación subalterna condenándola al olvido.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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