Fidel, patrimonio intangible de la Educación

Gracias Fidel, vives en cada niño escolarizado y en cada maestro feliz de la noble labor que realiza.
Estos días son especiales para los cubanos, ya vamos llegando al primer aniversario de la partida hacia la inmortalidad de nuestro Fidel, ese patrimonio intangible del ideario revolucionario y continuador del pensamiento martiano de ser cultos para ser libres.

Vale entonces recordar que cuando Fidel y sus compañeros asaltaban al Moncada, el 23,6 % de la población cubana era analfabeta y solo estaban matriculados el 55.6 % de los niños entre 6 y 14 años. Un millón y medio de habitantes mayores de 6 años no tenía aprobado ningún grado de escolaridad, apenas un 17 % de los jóvenes entre 15 y 19 años recibía algún tipo de educación y la población mayor de 15 años tenía un nivel educativo promedio inferior a tercer grado. Son deplorables las cifras totales sobre el estado de la educación en Cuba cuando triunfó la Revolución: 600,000 niños sin escuelas, 10 000 maestros sin trabajo.

Esa era la herencia que muy pronto la naciente Revolución bajo la iniciativa y guía de Fidel subvirtió cuando prácticamente, de la noche a la mañana, en 1959 fueron creadas 10 mil nuevas aulas y a los pocos meses del triunfo revolucionario ya había dos veces más maestros rurales que en toda la historia bajo el capitalismo.

Al triunfo de la revolución, 69 cuarteles fueron convertidos en escuelas para más de 40 mil alumnos y que antes de terminar 1959, en diciembre de ese año se dispuso la primera reforma integral de la enseñanza, a la vez que más de 3 000 maestros emergentes y voluntarios, marcharon a las montañas y más tarde se organizaron en la Brigada de Maestros de Vanguardia "Frank País". Con los mismos objetivos y con el apoyo decisivo de la FMC, a principios de 1961 comenzó el plan de educación para campesinas "Ana Betancourt" donde estudiaron más de ciento cincuenta mil muchachas para las que hasta ese momento acceder a un aula escolar era solo un sueño muy difícil de realizar.

En 1961 se desplegó la masiva Campaña de Alfabetización que daría el tiro de gracia a la incultura en este país. Esa campaña fue la muestra más fehaciente de la nueva democracia que la Revolución generaba al crear reales condiciones para el empoderamiento y la participación popular en el país.

En solo un año fueron alfabetizados más de 700 000 personas abriéndose de esa forma uno de los subsistemas educativos que hasta hoy rinde frutos desde variadas perspectivas: la educación de adultos, de trabajadores y campesinos, con crecientes escalones incluyendo la creación de las Facultades Obreras y Campesinas y los cursos para trabajadores y a distancia en las universidades.

Hoy los maestros cubanos de conjunto con nuestros niños y adolescentes abrazamos con amor el empeño de continuar reforzando esa idea vital de que solo el conocimiento nos hace más libres y que un pueblo culto puede lograr el bienestar para su sociedad y también para el mundo.

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